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Mostrando entradas de 2016

Giuseppe Ungaretti:Gozo.

Siento la fiebre de esta luz plena
Recibo este día como el fruto que se dulcifica
Esta noche tendré un remordimiento como un ladrido perdido en el desierto


Traducción: Hugo Gutiérrez Vega

Vincenzo Cardarelli: Abandono.

Has volado, huido como una paloma y te perdiste allá, por el oriente. Pero han quedado los lugares que te vieron, las horas de nuestros encuentros.
Horas desiertas, lugares que ahora son tan sólo sepulcros que vigilo.



Traducción: Hugo Gutiérrez Vega

Gottfried Benn: Si algo ligero...

Si algo ligero y susurrante te rodea como el esplendor de las glicinas en este muro, entonces es la hora de este dolor en el que no eres rico ni te agotas,
ni como la flor ni como la luz: llegando en rayos, transformándose, actuando en torno a formas similares que entrelazan todo en la única ebriedad,
ese único terciopelo en el que descansa todo, tan tranquilo e intocado, trazando las fronteras, suspendiendo el tiempo, y nada ocurre en ese dolor.


Traducción: José Manuel Recillas

Hakushu Kitahara: Sen Rikyu

Sen Rikyu amaba el té porque le complacía el espíritu del té.
Alma tranquila y noble del amanecer y del atardecer. El humo era más amado aún que el té.
Mantener la sutileza en la apariencia equivale a purificar el alma con sutileza.
Por eso Rikyu permanecía sentado y le sonreía al sol tenue bajo el pabellón de té.

Traducción:Atsuko Tanabe

Nikolai Gumiliov: El follaje del sauce ennegreció.

El follaje del sauce ennegreció, Los grajos se erizaron suavemente, En el valle del cielo azul-azul Las nubes pastaron como ovejas. Y tú, con timidez en la mirada, Me dijiste: "Estoy enamorada", Alrededor la hierba se parecía Al mar después del mediodía. Yo acaricié el mensaje del verano, La sombra de la hierba en tus mejillas, La perfumada fiesta de la luz Sobre tus bronceados rizos. Entonces me pareciste tan deseada Como un país fantástico, Un territorio promisorio En vino, entusiasmos y canciones.

Versión de Jorge Bustamante García

Paul Verlaine: Marco.

Cuando Marco pasaba, todos los jóvenes se asomaban para ver sus ojos, unas Sodomas donde los fuegos de Amor quemaban sin piedad tu pobre chozuela, oh fría Amistad; alrededor danzaban unos perfumes místicos en los que alma llorando se aniquilaba; sobre sus pelirrojos cabellos resbalaba un encanto; Cuando Marco pasaba.
Cuando Marco cantaba, sus manos sobre el marfil, evocaban frecuentemente la profundidad negra de unos aires primitivos  que nadie ha vuelto a cantar, y su voz  llegaba a los paraísos de la sinfonía inmensa de los sueños, y el entusiasmo entonces transportaba hacia cielos conocidos por cualquiera que escuchara aquel timbre argentino que vibraba sin fin Cuando Marco cantaba.
Cuando Marco  lloraba, sus lágrimas terribles desafiaban el brillo de las más bellas armas; sus labios de sangre oscurecían su carmín y su desesperación no tenía nada de humana; parecido al brasero que el aceite exaspera, su enojo aumentaba ,rojo, y se le hubiera creído una leona  en la selva áspera desatando su terrible cóle…

Ana Ajmátova: Estamos tan intoxicados uno del otro…

Estamos tan intoxicados uno del otro Que de improviso podríamos naufragar, Este paraíso incomparable Podría convertirse en terrible afección. Todo se ha aproximado al crimen Dios nos ha de perdonar A pesar de la paciencia infinita Los caminos prohibidos se han cruzado. Llevamos el paraíso como una cadena bendita Miramos en él, como en un aljibe insondable, Más profundo que los libros admirables
Que surgen de pronto y lo contienen todo.
Traducción: Aquiles Julián.

Edith Södergran: Aún no ha traicionado una sola mirada de fuego.

A una joven.
Aún no ha traicionado una sola mirada de fuego. Ten el corazón del hombre en tus dedos de niña inexperta, y en la cámara helada de tu corazón encierra su fuego irradiante. Tan cierta estás de su amor como del reino de los cielos. Él te dará su corazón, un imperio y todas las flores de la primavera, y tú a él el tenue velo de tu anhelo que azulea en la distancia. Tu aliento aún no ha tocado la luz llameante de su deleite. Tus ojos aún no han medido la vastedad de su fe. Tus pies aún no han entrado en el círculo cerrado de su destino. Y todavía te da igual que sea rojo o azul. Pero llegará un día en que te asirás a él como una flor a su tallo, en que su crepúsculo será tu luz y su sequía tu fuente, en que vagarás por los pasillos de un vasto castillo sabiéndote enamorada y sabiendo que él sólo vive del blanco pan de tu pureza y su sangre sólo fluye por el arroyo de tu ternura maternal. Entonces todo será grave y milagroso, duro e indivisible.

Traducción: Jesús Pardo

Yves Bonnefoy: La rapidité des nuages.

La rapidité des nuages.
Le lit, la vitre auprès, la vallée, le ciel, La magnifique rapidité de ces nuages. La griffe de la pluie sur la vitre, soudain, Comme si le néant paraphait le monde.
Dans mon rêve d'hier Le grain d'autres années brûlait par flammes courtes Sur le sol carrelé, mais sans chaleur. Nos pieds nus l'écartaient comme une eau limpide.
O mon amie, Comme était faible la distance entre nos corps ! La lame de l'épée du temps qui rôde Y eût cherché en vain le lieu pour vaincre.
La rapidez de las nubes.
 La cama, la ventana cercana, el valle, el cielo, La rapidez espléndida de esas nubes, La súbita garra de la lluvia en los cristales Como si la nada rubricase el mundo.
En mi sueño de ayer El grano de otros años ardía a fuego lento, Sin calor, en el suelo embaldosado. Descalzos, lo apartaban nuestros pies como un agua límpida.
¡Oh amiga mía, Qué distancia tan débil separaba nuestros cuerpos! La hoja de la espada del tiempo que merodea Hubiese allí buscado en vano lugar para vencer!

Tra…

William Shakespeare: Soneto 18.

¿Qué debo compararte a un día de verano?                Tú eres más adorable y estás mejor templado.                       Rudos vientos agitan los capullos de Mayo                  y el estío termina su arriendo brevemente.                
A veces brilla el sol con demasiado fuego                y a menudo se vela su dorado semblante.                    A veces la belleza declina de su estado,             por causas naturales o causas imprevistas.                 
Mas tu eterno verano, jamás se desvanece,             ni perderá su instinto de tener la hermosura,            ni la Muerte jactarse, de haberte dado sombra,                      creciendo con el tiempo en mis versos eternos.

Versión Ramón García González

Odysseas Elytis: Eros y Psique.

Un mar oscuro y salvaje golpea sobre mí La vida de los otros. Todo lo que afirmas durante la noche Dios lo modifica. Ligeras van las casas Algunas llegan hasta el muelle con las luces encendidas Parte (dicen) el alma de los muertos Ah que serás tú a quien llaman "alma" aunque el aire No alcanzó para hacerte materia ni el vello Para arrancarlo alguna vez al pasar Qué bálsamo o qué veneno derramas pues En otros tiempos la noble Diotima Cantando con inteligencia llegó a modificar La mente del hombre y el curso de los ríos de Suabia  De manera que quienes se aman estén aquí y allá De dos estrellas y un destino solamente Desprevenida parece estar aunque no lo esté La Tierra. Saciada de diamantes y carbones Pero sabe hablar y desde allí donde fluye la verdad Con percusión subterránea o fuentes de inefable pureza Viene a confirmártelo. ¿Cuál? ¿Qué? Lo único que afirmas y que Dios no modifica Ese algo inescrutable que existe A pesar de todo en lo Vano y en la Nada.

Traducción : Pilar Fernández Rodríguez

José Antonio Ramos Sucre: El romance del bardo.

Yo estaba proscrito de la vida. Recataba dentro de mí  un amor reverente, una devoción abnegada, pasiones  macerantes, a la dama cortés, lejana de mi alcance. La fatalidad había signado mi frente.
Yo escapaba a meditar lejos de la ciudad, en medio de ruinas severas, cerca de un mar monótono. Allí mismo rondaban, animadas por el dolor, las sombras del pasado. Nuestra nación había perecido resistiendo las correrías de una horda inculta.
La tradición había vinculado la victoria en la presencia de la mujer ilustre, superviviente de una raza invicta.  Debía acompañarnos espontáneamente, sin conocer  su propia importancia. La vimos, la vez última, víspera del desastre, cerca de la playa, envuelta por la rueda turbulenta de las aves marinas.
Desde entonces, solamente el olvido puede enmendar  el deshonor de la derrota. La yerba crece en el campo de batalla, alimentada con la sangre de los héroes.



Rainer Maria Rilke: Ven cuando debas…

Ven cuando debas. Todo esto habrá pasado a través de mi ser hasta tu aliento.
Por ti lo he contemplado largo tiempo sin darle ningún nombre, con aquella mirada propia de la pobreza, y lo he amado como si tú estuvieras ya bebiendo de él.
Y sin embargo, cuando pienso que esto, todo esto: yo mismo, las estrellas, las flores, el hermoso lanzarse de los pájaros fuera del matorral saludador, la altivez de las nubes y todo lo que el viento ha podido hacer conmigo, procurándome el tránsito desde un ser a otro próximo —de manera que he sido uno y después el otro, pues lo soy en efecto: soy lo que el gorgojeo de las bebidas ha dejado en mi oído y el exquisito gusto que una vez dispensara a mis labios algún hermoso fruto—, que todo, todo esto, cuando estés aquí un día, —todo esto aun atrás el tiempo: a la mirada a ras del niño hacia los cálices de las flores, cuando es alta la hierba del prado hasta llegar a una sonrisa de mi madre, que quizás yo comprendo, empujado por tu ser, como algo que me ha sido robado—, que tod…

Jaroslav Seifert: Canción de amor.

Oigo lo que no oyen los demás, pies descalzos pisando terciopelo. Suspiros bajo el sello de una carta, el estremecimiento de las cuerdas, cuando no vibran. A veces, huyendo de la gente, veo lo que no ven los demás. El amor, vestido con la risa que se oculta en las pestañas, cubriendo los ojos. Cuando aún tiene copos de nieve en los bucles, veo florecer la rosa en el rosal. Oí al amor partir cuando unos labios por primera vez rozaron los míos. Quién, sin embargo, detendrá mi esperanza: ni siquiera el miedo al desengaño, para que a tus rodillas no se ponga.
La más hermosa suele estar loca.

Traducción: Clara Janés.

Günter Grass: Inundación.

Esperamos que cese la lluvia, aunque nos hemos acostumbrado a permanecer invisibles, tras la cortina. La cuchara es colador ahora y nadie se atreve ya a extender la mano.
Muchas cosas flotan por las calles, cosas bien escondidas en tiempo seco. ¡Qué penoso ver las sábanas usadas del vecino! Vamos a menudo al indicador de nivel y comparamos, como relojes, nuestras cuitas.
Algunas cosas pueden regularse. Pero cuando los aljibes se desborden y se colme la medida que heredamos tendremos que ponernos a rezar.
El sótano está sumergido, hemos subido las cajas y comprobamos con la lista el contenido. Todavía no se ha perdido nada Como es seguro que las aguas bajarán pronto hemos empezado a coser sombrillitas.
Será muy duro volver a cruzar la plaza, claramente, con sombra de plomo. Al principio echaremos de menos la cortina y bajaremos al sótano a menudo para contemplar la marca
que las aguas nos legaron.

Traducción: Miguel Saénz.

Paul Eluard: Sus ojos son contornos de luz.

Sus ojos son contornos de luz Bajo la osadía de su desnudez. A flor de transparencia
Los cambios de pensamiento Anulan las apagadas palabras.
Ella eclipsa todas las imágenes Deslumbra al amor y sus sombras rebeldes Ama - ama para olvidarse.

Traducción: María Teresa León y Rafael Alberti.

Eugenio Montale: La felicidad.

Ayer sentí que el invierno me tenía reservada una feliz sorpresa. Develabas mis pensamientos en voz alta. -¿Y si la vida fuese un misterio vano? -Permanece en tu elíseo, no seas cruel con ese vago sentimiento de esperanza que a nosotros, solo, nos queda. Otra cosa es la felicidad. Existe, tal vez, pero no la conocemos.

Versión de Jorge Aulicino.

Chuang Tzu: Cuando la vida era plena, no había historia.

En la era en que la vida sobre la Tierra era plena, nadie prestaba particular atención a los hombres valiosos, ni señalaba al hombre de habilitad. Los gobernantes eran simplemente las ramas más altas del árbol, y el pueblo era como los ciervos en los bosques. Eran honestos y justos sin darse cuenta de que estaban "cumpliendo con su  deber". Se amaban los unos a los otros, y no sabían que esto significaba "amar al prójimo".  No engañaban a nadie y aun así no sabían que eran hombres de "fiar". Eran íntegros y no sabían que que aquello era "buena fe". Vivían juntos libremente, dando y tomando, y no sabían que eran "generosos".
Por esta razón, sus hechos no han sido narrados. No hicieron historia.

Versión de Thomas Merton.

Aristóteles Nikolaídis: Tu cuerpo.

Dónde está tu cuerpo que alguna vez con tanta prudencia guardaba en secreto las simetrías dónde está tu amarga negación la ola de tu incesante cabello antes de que rompa.
La brisa pasó sobre ti, no eras además tú ni ninguno de ellos de todos aquellos que están encerrados en recuerdos ajenos siguiendo insomnes su sombra.
No eras además tú, nunca estuviste invitada al castillo del Tiempo sin flor ni caminaste con los muertos o con aquellos que morirán ya sea en pocos años en las calles adormecidas que sueñan anuncios luminosos.
Sólo la brisa canta que fuiste un desesperado tan irrevocable gesto de la Materia.

Versión de Francisco Torres Córdova.