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Mostrando entradas de agosto, 2014

Emily Dickinson: Exultación es viajar...

Exultación es viajar
Desde el interior al mar,
Más allá de las casas ‑ y los valles ‑
El alma en la Eternidad ‑

Nacidos como yo entre las montañas,
¿Podrán los marineros entender
La intoxicación divina
De este viaje de placer?
c. 1859

Odysséas Elýtis: XIII.

Este viento que haraganea entre los membrillos ese animalillo que liba las vides la piedra que el escorpión lleva pegada a la piel y ese hato de espigas en medio de la troje que se finge gigante frente a los niñitos descalzos.
Las pinturas sobre el “Resucita, oh Dios”4 en la pared que rasguñan los pinos con los dedos el encalado que sostiene en su espalda los meridianos y las cigarras, las cigarras dentro de los oídos de los árboles.
Largo verano de yeso largo verano de corcho las velas rojas que se inclinan sobre la planicie esponjas en el fondo del mar    animales muy rubios armónicas de las rocas las percas aún con las huellas digitales del malvado pescador los orgullosos arrecifes en las cañas de pescar del sol.
A la una, a las dos: nuestro destino no lo adivinará nadie. A  la una, a las dos: el destino del sol lo adivinaremos nosotros.
Traducción: Carmen Chuaqui y Natalia Moreleón

Elsa Cross: Forma

Tu cuerpo es la noche               descendiendo hacia mí. Voluntad de forma.                                   Estallido. Puntos de luz ordenan tu perfil en lo alto y lo bajo, en lo estrecho y lo amplio, en lo perdido, en lo olvidado, en lo que se recobra.
Y no hay nada ajeno a tu presencia.

René Char: Leónides

¿Eres tú mi mujer? ¿Mi mujer hecha para llegar al encuentro del presente? La hipnosis del fénix ambiciona tu juventud. La piedra de las horas lo vistió con su hiedra.
     ¿Eres tú mi mujer? El año del viento donde guerrea una vieja nube hace nacer la rosa, la rosa de la violencia.
      Mi mujer hecha para llegar al encuentro del presente.
     El combate se va dejándonos un corazón de abeja sobre nuestras tierras, la sombra despierta, el pan ingenuo. La velada avanza lentamente hacia la inmunidad de la Fiesta.

     Mi mujer hecha para llegar al encuentro del presente.

Pier Paolo Pasolini: Carne y cielo.

Oh, amor materno, doliente, por los oros de cuerpos invadidos del secreto de regazos.
Amados movimientos inconscientes del perfume impúdico que ríe en los miembros inocentes.
Pesados fulgores de cabellos… crueles negligencias de miradas… atenciones infieles…
Enervado por llantos tan suaves vuelvo a casa con las carnes ardientes de espléndidas sonrisas.
Y enloquezco en el corazón nocturno de un día de trabajo después de mil otras noches con este impuro ardor.

De El ruiseñor de la iglesia católica







Marguerite Yourcenar: VII

Nunca sabrás que tu alma viaja Dulcemente refugiada en el fondo de mi corazón, Y que nada, ni el tiempo ni la edad ni otros amores, Impedirá que hayas existido.
Ahora la belleza del mundo toma tu rostro, Se alimenta de tu dulzura y se engalana con tu claridad. El lago pensativo al fondo del paisaje Me vuelve a hablar de tu serenidad.
Los caminos que seguiste, hoy me señalan el mío, Aunque jamás sabrás que te llevo conmigo Como una lámpara de oro para alumbrarme el camino
Ni que tu voz aún traspasa mi alma. Suave antorcha tus rayos, dulce hoguera tu espíritu;
Aún vives un poco porque yo te sobrevivo.