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Mostrando entradas de abril, 2016

Jaroslav Seifert: Canción de amor.

Oigo lo que no oyen los demás, pies descalzos pisando terciopelo. Suspiros bajo el sello de una carta, el estremecimiento de las cuerdas, cuando no vibran. A veces, huyendo de la gente, veo lo que no ven los demás. El amor, vestido con la risa que se oculta en las pestañas, cubriendo los ojos. Cuando aún tiene copos de nieve en los bucles, veo florecer la rosa en el rosal. Oí al amor partir cuando unos labios por primera vez rozaron los míos. Quién, sin embargo, detendrá mi esperanza: ni siquiera el miedo al desengaño, para que a tus rodillas no se ponga.
La más hermosa suele estar loca.

Traducción: Clara Janés.

Günter Grass: Inundación.

Esperamos que cese la lluvia, aunque nos hemos acostumbrado a permanecer invisibles, tras la cortina. La cuchara es colador ahora y nadie se atreve ya a extender la mano.
Muchas cosas flotan por las calles, cosas bien escondidas en tiempo seco. ¡Qué penoso ver las sábanas usadas del vecino! Vamos a menudo al indicador de nivel y comparamos, como relojes, nuestras cuitas.
Algunas cosas pueden regularse. Pero cuando los aljibes se desborden y se colme la medida que heredamos tendremos que ponernos a rezar.
El sótano está sumergido, hemos subido las cajas y comprobamos con la lista el contenido. Todavía no se ha perdido nada Como es seguro que las aguas bajarán pronto hemos empezado a coser sombrillitas.
Será muy duro volver a cruzar la plaza, claramente, con sombra de plomo. Al principio echaremos de menos la cortina y bajaremos al sótano a menudo para contemplar la marca
que las aguas nos legaron.

Traducción: Miguel Saénz.

Paul Eluard: Sus ojos son contornos de luz.

Sus ojos son contornos de luz Bajo la osadía de su desnudez. A flor de transparencia
Los cambios de pensamiento Anulan las apagadas palabras.
Ella eclipsa todas las imágenes Deslumbra al amor y sus sombras rebeldes Ama - ama para olvidarse.

Traducción: María Teresa León y Rafael Alberti.

Eugenio Montale: La felicidad.

Ayer sentí que el invierno me tenía reservada una feliz sorpresa. Develabas mis pensamientos en voz alta. -¿Y si la vida fuese un misterio vano? -Permanece en tu elíseo, no seas cruel con ese vago sentimiento de esperanza que a nosotros, solo, nos queda. Otra cosa es la felicidad. Existe, tal vez, pero no la conocemos.

Versión de Jorge Aulicino.

Chuang Tzu: Cuando la vida era plena, no había historia.

En la era en que la vida sobre la Tierra era plena, nadie prestaba particular atención a los hombres valiosos, ni señalaba al hombre de habilitad. Los gobernantes eran simplemente las ramas más altas del árbol, y el pueblo era como los ciervos en los bosques. Eran honestos y justos sin darse cuenta de que estaban "cumpliendo con su  deber". Se amaban los unos a los otros, y no sabían que esto significaba "amar al prójimo".  No engañaban a nadie y aun así no sabían que eran hombres de "fiar". Eran íntegros y no sabían que que aquello era "buena fe". Vivían juntos libremente, dando y tomando, y no sabían que eran "generosos".
Por esta razón, sus hechos no han sido narrados. No hicieron historia.

Versión de Thomas Merton.

Aristóteles Nikolaídis: Tu cuerpo.

Dónde está tu cuerpo que alguna vez con tanta prudencia guardaba en secreto las simetrías dónde está tu amarga negación la ola de tu incesante cabello antes de que rompa.
La brisa pasó sobre ti, no eras además tú ni ninguno de ellos de todos aquellos que están encerrados en recuerdos ajenos siguiendo insomnes su sombra.
No eras además tú, nunca estuviste invitada al castillo del Tiempo sin flor ni caminaste con los muertos o con aquellos que morirán ya sea en pocos años en las calles adormecidas que sueñan anuncios luminosos.
Sólo la brisa canta que fuiste un desesperado tan irrevocable gesto de la Materia.

Versión de Francisco Torres Córdova.

Aldoux Huxley: Amor Extraviado.

El vino tinto que lentamente caía y rebosaba en la concha de la perla, donde los labios se habían rozado, tan livianos y veloces como los pétalos desnudos de la rosa a la deriva sobre el lento estribillo de laúd del canto estival de la abeja: riéndose mientras descendían, memorias doradas: inciensos de sueño, regalos de infancia, azules como el humo que transportan los lejanos horizontes, frágiles como las alas de Ariel: -
en la pira estas cosas entrañables extendí; y se prendió la llama, y fuerte la aticé, y, cargado de esperanza, pude contemplar el pasado en ruinas. Ansioso, ante el fuego menguante me arrodillé, Fénix, para recibir tu inmortalidad...
pero sólo hubo cenizas al final.

Versión de J. Isaías Gómez López.

Rose Ausländer: Fuga de Bach.

La fuga de Bach vuela hacia el cielo vuelve de nuevo hacia mí vuela hacia el cielo
Las matemáticas explican una voz
No sé no quiero saber cuántas cabezas sobre las alas ni a qué velocidades no miro las cifras
Bach mi corriente sanguínea
hacia el cielo

Eugen Jebeleanu: Metamorfosis

Pude haber sido un árbol, bajo el cual tú te habrías recostado cuando yo no te conocía, habría hecho oscilar dulcemente una de mis ramas, casi al azar, para besar tus ojos.
Habría sido quizás una hoja blanca, sobre la cual te hubieses inclinado pensando en silencio y yo habría besado, mientras tú dibujabas, el mármol de tu mano desnuda.
Hubiese podido ser un muro, un muro a la sombra del cual estaría con otro, no conmigo... Y yo con gran dolor me hubiera derrumbado ante tus ojos pálidos de espanto.

Versión de Pablo Neruda

Francis Carco: Llueve.

Está lloviendo - que es maravilloso. Te amo. Nos quedaremos en casa: Nada nos complace más que nosotros mismos Por esta época del otoño.
Está lloviendo. Los taxis van y vienen. Vemos autobuses rodando Y los remolcadores en el Sena Hacer un ruido ... significa que no más!
Esto es maravilloso: está lloviendo. escucho Lluvia con chicharrones Golpea el goteo de cristal ... Y me sonríes con ternura.
Te amo. ¡Oh! el sonido del llanto de agua,
Llorando como una despedida.