Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando entradas de marzo, 2015

Salvatore Quasimodo: Invierno antiguo

Deseo de tus manos claras en la penumbra de la llama: sabían a roble y a rosas; a muerte. Invierno antiguo.
Buscaban el mijo los pájaros y de repente eran de nieve; tal las palabras. Un poco de sol, una aureola de ángel, y después la niebla; y los árboles,
y nosotros hechos de aire en la mañana

Pierre Jean Jouve: Mozart

Mozart
A Ti cuando yo escuchaba tu arco iris de verano: La dicha comienza ahí a mitad de la altura de los aires Ahí las espadas de la pesadumbre De mil efusiones se recubren de nubes y de pájaros. Por dar placer al día La hoz dejó una anémona en el prado, Nostalgia liberada ternura tan amarga Conoce usted Salzburgo a las seis en verano Temblor placer una nube se bebe el sol poniente.
Temblor —en Salzburgo en verano Oh divina alegría tú morirás cautiva oh inventada juventud Pero un solo día rodea aún estas colinas verdaderas Ha llovido, fin de tormenta. Oh divina alegría Apacigua a esa gente que por todo el mundo cierra los ojos en las salas de concierto.

Ida Vitale: Homenaje a Magritte

Desde el cielo un jinete galopa hacia los bosques, una amazona cruza florestas que la cruzan. La llave de los sueños es la llave de los campos es el recuerdo de todo viaje es los territorios metafísicos. Desde el pecíolo de una hoja salen seriadas estratagemas para sortear espantos, símiles fieles, aproximaciones del candor y del mojado, laborioso miedo, como un león que vuela entre laureles y trompetas, un peñasco levanta en vuelo su castillo, una manzana invade el cuarto de lectura; lo que en nuestra memoria tantaliza cubre los cielos de tormenta, derrumba barricadas misteriosas con una luz toda discernimiento.
Los ojos fértiles crean procesionales días, atardeceres que filtran en el mundo visible pabellones de espacio desfasado. Nubes Magritte serán veloces para siempre.

Ezra Pound: Antigua Sabiduría, más bien cósmica

Antigua Sabiduría, más bien cósmica So-Shu soñó y habiendo soñado que era un ave,una abeja, y una mariposa, dudaba de por qué debería intentar sentirse como cualquiera otra cosa,
de ahí su contento

Elizabeth Bishop: Conversación 1

El tumulto del corazón sigue haciendo preguntas. Y luego se detiene y empieza a responder en el mismo tono de voz. Nadie notaría la diferencia. Nada inocentes, estas conversaciones empiezan, convocan después a los sentidos hacia sólo la mitad de un sentido. Y después, no hay alternativa; y después, no hay sentido; hasta que un nombre y todas sus connotaciones son lo mismo.


Elsa Cross: El vino.

Basta una palabra, un giro del deseo para traer de pronto toda esta ebriedad. Vino que se destila en gotas lentísimas. Néctar– más sutil que el éter desciende al corazón y allí el sortilegio. Ebrios de Dios mis ojos. Ebrias mis manos. Llenar la copa hasta los bordes, dicen. Tu rostro en todas partes, tu mirada embriagada.

Czeslaw Milosz: Cuando la Luna.

Cuando la luna y pasean las mujeres con sus vestidos floreados Me asombran sus ojos, pestañas y toda la construcción del mundo. Me parece que de tan grande inclinación mutua
Podría surgir al fin la verdad definitiva.

José Antonio Ramos Sucre: Carnaval

Una mujer de facciones imperfectas y de gesto apacible obsede mi pensamiento. Un pintor septentrional la habría situado en el curso de una escena familiar, para distraerse de su genio melancólico, asediado por figuras macabras.
Yo había llegado a la sala de la fiesta en compañía de amigos turbulentos, resueltos a desvanecer la sombra de mi tedio. Veníamos de un lance, donde ellos habían arriesgado la vida por mi causa. Los enemigos travestidos nos rodearon súbitamente, después de cortarnos las avenidas. Admiramos el asalto bravo y obstinado, el puño firme de los espadachines. Multiplicaban, sin decir palabra, sus golpes mortales, evitando declararse por la voz. Se alejaron, rotos y mohínos, dejando el reguero de su sangre en la nieve del suelo.
Mis amigos, seducidos por el bullicio de la fiesta, me dejaron acostado sobre un diván. Pretendieron alentar mis fuerzas por medio de una poción estimulante. Ingerí una bebida malsana, un licor salobre y de verdes reflejos, el sedimento mismo de un mar gemebundo, f…

William Shakespeare: La reina Mab.

MERCUTIO.—Sin duda te ha visitado la reina Mab, nodriza de las hadas. Es tan pequeña como el ágata que brilla en el anillo de un regidor. Su carroza va arrastrada por caballos leves como átomos, y sus radios son patas de tarántula, las correas son de gusano de seda, los frenos de rayos de luna; huesos de grillo e hilo de araña forman el látigo; y un mosquito de oscura librea, dos veces más pequeño que el insecto que la aguja sutil extrae del dedo de ociosa dama, guía el espléndido equipaje. Una cáscara de avellana forma el coche elaborado por la ardilla, eterna carpintera de las hadas. En ese carro discurre de noche y día por cabezas enamoradas, y les hace concebir vanos deseos, y anda por las cabezas de los cortesanos, y les inspira vanas cortesías. Corre por los dedos de los abogados, y sueñan con procesos. Recorre los labios de las damas, y sueñan con besos. Anda por las narices de los pretendientes, y sueñan que han alcanzado un empleo. Azota con la punta de un rabo de puerco las …

Rubén Darío: El Velo de la Reina Mab.

La reina Mab, en su carro hecho de una sola perla, tirado por cuatro coleópteros de petos dorados y alas de pedrería, caminando sobre un rayo de sol, se coló por la ventana de una buhardilla donde estaban cuatro hombres flacos, barbudos e impertinentes, lamentándose como unos desdichados. Por aquel tiempo, las hadas habían repartido sus dones a los mortales. A unos habían dado las varitas misteriosas que llenan de oro las pesadas cajas del comercio; a otros unas espigas maravillosas que al desgranarlas colmaban las trojes de riqueza; a otros unos cristales que hacían ver en el riñón de la madre tierra, oro y piedras preciosas; a quiénes cabelleras espesas y músculos de Goliat, y mazas enormes para machacar el hierro encendido; y a quiénes talones fuertes y piernas ágiles para montar en las rápidas caballerías que se beben el viento y que tienen las crines en la carrera.
Los cuatro hombres se quejaban. Al uno le había tocado en suerte una cantera, al otro el iris, al otro el ritmo, al …

Edgar Allan Poe: Anabel Lee

Hace de esto ya muchos, muchos años, cuando en un reino junto al mar viví, vivía allí una virgen que os evoco por el nombre de Annabel Lee; y era su único sueño verse siempre por mí adorada y adorarme a mí.
Niños éramos ambos, en el reino junto al mar; nos quisimos allí con amor que era amor de los amores, yo con mi Annabel Lee; con amor que los ángeles del cielo envidiaban a ella cuanto a mí.
Y por eso, hace mucho, en aquel reino, en el reino ante el mar, ¡triste de mí!, desde una nube sopló un viento, helando para siempre a mi hermosa Annabel Lee Y parientes ilustres la llevaron lejos, lejos de mí; en el reino ante el mar se la llevaron hasta una tumba a sepultarla allí. ¡Oh sí! -no tan felices los arcángeles-, llegaron a envidiarnos, a ella, a mí. Y no más que por eso -todos, todos en el reino, ante el mar, sábenlo así-, sopló viento nocturno, de una nube, robándome por siempre a Annabel Lee.
Mas, vence nuestro amor; vence al de muchos, más grandes que ella fue, que nunca fui; y ni próceres ángeles del cielo n…

Olga Orozco: La cartomancia

Oye ladrar los perros que indagan el linaje de las sombras, óyelos desgarrar la tela del presagio. Escucha. Alguien avanza y las maderas crujen debajo de tus pies como si huyeras sin cesar y sin cesar llegaras. Tú sellaste las puertas con tu nombre inscripto en las cenizas de ayer y de mañana. Pero alguien ha llegado. Y otros rostros te soplan el rostro en los espejos donde ya no eres más que una bujía desgarrada, una luna invadida debajo de las aguas por triunfos y combates, por helechos.
Aquí está lo que es, lo que fue, lo que vendrá, lo que puede venir. Siete respuestas tienes para siete preguntas. Lo atestigua tu carta que es el signo del Mundo: a tu derecha el Ángel, a tu izquierda el Demonio.
¿Quién llama?, ¿pero quién llama desde tu nacimiento hasta tu muerte con una llave rota, con un anillo que hace años fue enterrado? ¿Quiénes planean sobre sus propios pasos como una bandada de aves? Las Estrellas alumbran el cielo del enigma. Mas lo que quieres ver no puede ser mirado cara a cara porque su luz es de …

Tudor Arghezi:MORGENSTIMMUNG

Tu canción se ha insinuado en mis adentros una tarde, cuando, aun cerrada con cuidado, la ventana del alma se había abierto al viento, ignorante de que te oiría cantar.
Tu melodía ha impregnado toda la casa, las cajas, los cofres, las alfombras, con un perfume sonoro. He aquí que han saltado los cerrojos y el santuario ha quedado abierto. Tal vez nada habría sucedido si, a la vez que el canto, no hubiera llegado a hurgar tu dedito buscando mirlos en las teclas del piano, ni hubiera tenido tu cuerpo tan cerca de mí Con el trueno, hasta las nubes se han derrumbado dentro de la habitación del universo cerrado.
La tormenta ha traído a las grullas, a las abejas, también las hojas… Son muy frágiles las vigas, como pétalos de flor. ¿Por qué cantaste? ¿Por qué te escuché? Te has fundido dentro de mí, transparente, inseparables ya los dos en lo alto. Yo venía desde arriba; tú llegabas desde abajo. Tú venías de la vida; yo llegaba de la muerte.