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Mostrando entradas de 2015

Dante Alighieri: Paolo y Francesca.

Por entretenernos leíamos un día de Lancelote, cómo el amor lo oprimiera; estábamos solos, y sin sospecha alguna.
Muchas veces los ojos túvonos suspensos la lectura, y descolorido el rostro: mas sólo un punto nos dejó vencidos.
Cuando leímos que la deseada risa besada fue por tal amante, este que nunca de mí se había apartado
temblando entero me besó en la boca: el libro fue y su autor, para nos Galeoto, y desde entonces no más ya no leímos.


Canto V del Infierno de Dante Alighieri.

Emily Dickinson: Que yo siempre amé.

Que yo siempre amé Te traigo la prueba, Que hasta que amé Yo nunca viví bastante.
Que yo amaré siempre Te lo discutiré, Que amor es vida Y vida inmortalidad Esto, si lo dudas, querido, Entonces yo ya no tengo nada que mostrar
Salvo el calvario

Dino Campana: La quimera.

No sé si entre rocas tu pálido rostro se me apareció, o sonrisa de lejanías ignoradas fuiste, pendiente de marfil frente fulgente oh joven hermana de la Gioconda: oh de las primaveras muertas, por tu mítica palidez oh reina oh reina adolescente: mas por tu desconocido poema de placer y dolor música niña exangüe, marcado con una línea de sangre en el círculo de los labio sinuosos, reina de la mediodía: mas por la virgen cabeza inclinada, yo poeta nocturno velé las estrellas vivas en los mares del cielo, yo por tu dulce misterio yo por ponerte taciturna.
No sé si la pálida llama fue de los cabellos el viviente signo de tu palidez, no sé si fue un dulce vapor, dulce sobre mi dolor, sonrisa de un rostro nocturno: miro las blancas rocas los mudos manantiales de los vientos y la inmovilidad de los firmamentos y los henchidos arroyos que van llorando y las sombras del trabajo humano encorvadas allá en las colinas heladas y aún por tiernos cielos lejanas claras sombras fluyentes
y aún te llamo te llamo Quimera.

Robert Graves: La rosa.

¿Cuándo fue que juramos amarnos para siempre? ¿Cuándo este universo pudo por fin ser? Las dos preguntas son una.
Tráeme una rosa de tu rosal para bendecir esta noche y concederme sueño honesto:
sueño, no olvido.

Cantos de Amor del Antiguo Egipto: Mi corazón late más deprisa...

Canto cuarto:
Mi corazón late más deprisa, Cuando pienso en mi amor. No me permite como persona humana actuar, Y se sobresalta sin cambiar de lugar.
Ya ni vestirme me deja. Descuido mis abanicos. Ya los ojos no me pinto. Ya siquiera me perfumo con delicados aromas.
“No te detengas, llegas a la meta”, dice mi corazón, cada vez que pienso en él. -¡Oh corazón mío! ¡No te inquietes más! ¿Por qué como un loco te portas?
Espera sin alarma, tu amado viene hacia ti, pero también los ojos de la multitud. no dejes que digan de mí: “Esta mujer se ha enamorado”.
Quédate en calma, cuando en él piensas,
¡oh, corazón! No latas más de esta manera.

Jacques Baron: El Desconocido.

Él decía ,mis labios son racimos monstruosos panteras que cantan más dulces que los pájaros tan dulces de la colina y los toros sangrantes de las grandes nubes oscuras
Él decía Yo llevo en mi pecho olas inmensas y ásperas en medio de las flores tan bellas de los días solemnes Llamaba ,María a una pequeña que llevaba legumbres
Él decía, él decía además Yo soy una amapola que despierta por la mañana el azul pálido de las bestias


L'Allure poétique.

F. S Flint: November/Noviembre.

November.
Whats is eternal of you I saw in both your eyes. You were among the applebranches; the sun shone,an dit was November.
Sun and apples and laugther and love we gathered, you and I. And the birds were singing.
Noviembre.
Lo que de ti es eterno lo vi en tus ojos.
Te rodeaban las ramas del manzano, el sol brilló,era noviembre. Sol y manzanas y risas y amor recogimos tú yyo.
Y cantaban los pájaros.

Rainer Maria Rilke: Entonces será el ángel…

Entonces será el ángel ciertamente  el que bebe despacio de mis rasgos 
el vino esclarecido de visiones. 
Sediento, ¿quién te ha llamado aquí? 
Y que tú estés sediento, tú en quien la catarata de Dios en cada vena se arroja: que tú tengas 
también sed: abandónate a la sed 
(¡cuánto me has conmovido!). 
Y, mientras fluyo, siento  lo seca que tenías la mirada; 
y estoy tan inclinado encima de tu sangre 
que hasta inundo tus cejas, las puras.


París, finales de 1913

Hwang Chin-i: La noche más larga.

La noche más larga del invierno la corto por la mitad.
La guardo bajo mi cobija de primavera.

Cuando venga mi amor, la desplegaré.

Emily Dickinson: El amanecer nos convoca a Ambos

El amanecer nos convoca a Ambos- El Este -Su Verdad Púrpura Comparte con las Colinas- El Mediodía desplegó su Azul Hasta que Un Aliento nos tapó a los Dos- Lejanos -quietos- No olvida la noche
Para Cada Uno un Candil -colocar- Pabilos bien encendidos- El Norte -Su deslumbrante Señal- Erguida en medio del Yodo- Hasta que Ambos -lo podamos ver-
Los Oscuros Brazos de La Medianoche Encerró Hemisferios y Hogares Y así Sobre su Regazo -Uno- Y uno, sobre Su Dobladillo-
Ambos acostados-

Salvatore Quasimodo: En la antigua luz de las mareas

Ciudad de isla sumergida en mi corazón, desciendo en la antigua luz de las mareas, cerca de sepulcros a la orilla de aguas que una alegría desata de árboles soñados.
Me llamo: se espeja un sonido en amoroso eco, y el secreto se endulza, el estremecerse en amplios desprendimientos de aire.
Un cansancio de precoces renacimientos se abandona en mí, la habitual pena de ser mío en una hora más allá del tiempo
Y tus muertos siento en los celosos latidos de venas vegetales hacerse menos hondos:
un respirar absorto de narices.

Octavio Paz: Otoño.

En llamas, en otoños incendiados, arde a veces mi corazón, puro y solo. El viento lo despierta, toca su centro y lo suspende en luz que sonríe para nadie: ¡cuánta belleza suelta!
Busco unas manos, una presencia, un cuerpo, lo que rompe los muros y hace nacer las formas embriagadas, un roce, un son, un giro, un ala apenas; busco dentro mí, huesos, violines intocados, vértebras delicadas y sombrías, labios que sueñan labios, manos que sueñan pájaros...
Y algo que no se sabe y dice «nunca» cae del cielo, de ti, mi Dios y mi adversario.


Paul Eluard: El éxtasis.

Estoy ante este paisaje femenino Como un niño ante el fuego Sonriendo vagamente con lágrimas en los ojos Ante este paisaje en que todo me emociona Donde espejos se empañan donde espejos se limpian Reflejando dos cuerpos desnudos estación a estación
Tengo tantas razones para perderme En esta tierra sin caminos bajo este cielo sin horizonte Hermosas razones que ayer ignoraba Y que ya nunca olvidaré Hermosas llaves de miradas claves hijas de sí mismas Ante este paisaje donde la naturaleza es mía
Ante el fuego el primer fuego Buena razón maestra
Estrella identificada Y en la tierra y bajo el cielo fuera de mi corazón y en él Segundo brote primera hoja verde
Que el mar cubre con sus alas Y el sol al fondo de todo que viene de nosotros
Estoy ante este paisaje femenino Como rama en el fuego.

Eugenio Montejo: Septiembre

Mira setiembre nada se ha perdido con fiarnos de las hojas. La juventud vino y se fue, los árboles no se movieron El hermano al morir te quemó en llanto pero el sol continúa. La casa fue derrumbada, no su recuerdo. Mira setiembre con su pala al hombro cómo arrastra hojas secas.
La vida vale más que la vida, sólo eso cuenta. Nadie nos preguntó para nacer, ¿qué sabían nuestros padres? ¿Los suyos qué supieron? Ningún dolor les ahorró sombra y sin embargo se mezclaron al tiempo terrestre. Los árboles saben menos que nosotros y aún no se vuelven. La tierra va más sola ahora sin dioses pero nunca blasfema. Mira setiembre cómo te abre el bosque y sobrepasa tu deseo. Abre tus manos, llénalas con estas lentas hojas, no dejes que una sola se te pierda.

Amos Oz: Se despierta en mí el deseo


Atardecer. Llueve en las colinas vacías del desierto. Cal y roca y olor a tierra mojada después de un árido verano. Se despierta en mí el deseo de ser lo que sería de no haber sabido lo que es sabido. De ser anterior al conocimiento. Como las colinas. Como una piedra en la superficie de la luna. Inerte, silencioso y seguro
de que estaré tiempo en exposición.

Gertrud Kolmar: El ángel en el bosque.

Dame tu mano, tu mano querida, y ven conmigo, pues queremos alejarnos de los hombres. Son mezquinos, ruines, y su mezquina ruindad nos odia y mortifica. Sus ojos rondan maliciosos por nuestro rostro y su oído ávido manosea las palabras de nuestra boca. Recogen beleño... Así que huyamos a los campos soñadores que, gentiles, con flores y hierba, confortan nuestros pies vagabundos, al borde del río que, con paciencia, carga sobre su espalda imponentes fardos, pesados barcos repletos de mercancías, imponentes fardos, pesados barcos repletos de mercancías, con los animales del bosque, que no murmuran.
Ven. La niebla del otoño vela y humedece el musgo con brillos mates, esmeralda. Ruedan las hojas del haya, tesoro de monedas de bronce dorado. Por delante de nuestros pasos, llama roja, temblorosa, salta la ardilla. Alisos negros, retorcidos, silban junto al pantano en el resplandor cobrizo del atardecer.
Ven. Porque el sol se ha puesto, se ha acostado en su cueva y su aliento cálido, rojizo, se apaga. Ahora se abre …

Vladimir Holan: Confesión tardía

Es a ti, siempre a ti a quien amo, aunque todo pruebe que la conciencia continua del amor impide amar…
Es a ti, siempre a ti a quien amo, aunque soy testigo perpetuo de la presencia y soy su cómplice.

A ti, siempre a ti sola

Tomas Tranströmer: El cielo inacabado.

El abatimiento detiene su curso La angustia detiene su curso El buitre frena su vuelo.
Fogosa, la luz fluye, incluso los fantasmas le dan un trago.
Y nuestros cuadros en el día, nuestras bestias rojas de los talleres de la era glacial.
Todo comienza a ver alrededor. Caminamos por cientos bajo el sol.
Cada hombre es una puerta entreabierta que da a una sala para todos.
El suelo interminable bajo nuestro pies.
El agua brilla entre los árboles.
El lago es una ventana a la tierra.


Versión de Francisco Serrano.

Carl Sandburg: Bajo la luna de agosto

Bajo la luna de agosto las suaves gotas de plata caen, resplandecientes, sobre jardines nocturnos; y la muerte, burlona gris, viene susurrándote como una bella amiga que te recuerda.
Bajo las rosas del verano el fragante carmesí se oculta durante el crepúsculo, entre hojas silvestres coloradas; y el amor, con manos pequeñitas, viene a tocarte con miles de recuerdos
y te plantea preguntas bellas que no tienen respuesta.

Benn Gottfriend: Vaso Cretense.

Tú, el labio lleno de aroma a vino, azul guarda de arcilla, guirnalda de rosas en torno al desfile de luz micénica, no práctica, nostalgia de bebidas vastamente esparcida. Relajamientos. Se consuma un alumbramiento en libertad. Brillan sueltos bestias, rocas, lo claramente sin objeto: fajas de violetas, cráneos tibios
como prados sangrientos.

Ana Ajmátova: Cuando escuches el trueno me recordarás…

Cuando escuches el trueno me recordarás y tal vez pienses que amaba la tormenta... El rayado del cielo se verá fuertemente carmesí y el corazón, como entonces, estará en el fuego. Esto sucederá un día en Moscú cuando abandone la ciudad para siempre y me precipite hacia el puerto deseado dejando entre ustedes apenas mi sombra.