jueves, 18 de agosto de 2016

Edith Södergran: Aún no ha traicionado una sola mirada de fuego.




A una joven.

 Aún no ha traicionado una sola mirada de fuego.
Ten el corazón del hombre en tus dedos de niña inexperta,
y en la cámara helada de tu corazón encierra su fuego irradiante.
Tan cierta estás de su amor como del reino de los cielos.
Él te dará su corazón, un imperio y todas las flores de la primavera,
y tú a él el tenue velo de tu anhelo que azulea en la distancia.
Tu aliento aún no ha tocado la luz llameante de su deleite.
Tus ojos aún no han medido la vastedad de su fe.
Tus pies aún no han entrado en el círculo cerrado de su destino.
Y todavía te da igual que sea rojo o azul.
Pero llegará un día en que te asirás a él como una flor a su tallo,
en que su crepúsculo será tu luz y su sequía tu fuente,
en que vagarás por los pasillos de un vasto castillo sabiéndote enamorada
y sabiendo que él sólo vive del blanco pan de tu pureza
y su sangre sólo fluye por el arroyo de tu ternura maternal.
Entonces todo será grave y milagroso, duro e indivisible.


Traducción: Jesús Pardo

viernes, 1 de julio de 2016

Yves Bonnefoy: La rapidité des nuages.


La rapidité des nuages.

Le lit, la vitre auprès, la vallée, le ciel,
La magnifique rapidité de ces nuages.
La griffe de la pluie sur la vitre, soudain,
Comme si le néant paraphait le monde.

Dans mon rêve d'hier
Le grain d'autres années brûlait par flammes courtes
Sur le sol carrelé, mais sans chaleur.
Nos pieds nus l'écartaient comme une eau limpide.

O mon amie,
Comme était faible la distance entre nos corps !
La lame de l'épée du temps qui rôde
Y eût cherché en vain le lieu pour vaincre.

La rapidez de las nubes.

 La cama, la ventana cercana, el valle, el cielo,
La rapidez espléndida de esas nubes,
La súbita garra de la lluvia en los cristales
Como si la nada rubricase el mundo.

En mi sueño de ayer
El grano de otros años ardía a fuego lento,
Sin calor, en el suelo embaldosado.
Descalzos, lo apartaban nuestros pies como un agua límpida.

¡Oh amiga mía,
Qué distancia tan débil separaba nuestros cuerpos!
La hoja de la espada del tiempo que merodea
Hubiese allí buscado en vano lugar para vencer!


Traducción de Carlos Cámara y Miguel Ángel Frontán

lunes, 20 de junio de 2016

William Shakespeare: Soneto 18.


 
Pierre-Auguste Renoir - "Summer Landscape", 1875.

¿Qué debo compararte a un día de verano?               
Tú eres más adorable y estás mejor templado.                      
Rudos vientos agitan los capullos de Mayo                 
y el estío termina su arriendo brevemente.                

A veces brilla el sol con demasiado fuego               
y a menudo se vela su dorado semblante.                   
A veces la belleza declina de su estado,            
por causas naturales o causas imprevistas.                 

Mas tu eterno verano, jamás se desvanece,            
ni perderá su instinto de tener la hermosura,           
ni la Muerte jactarse, de haberte dado sombra,                     
creciendo con el tiempo en mis versos eternos.


Versión Ramón García González               

sábado, 4 de junio de 2016

Odysseas Elytis: Eros y Psique.


Eros y Psique. Canova (detalle)

Un mar oscuro y salvaje golpea sobre mí
La vida de los otros. Todo lo que afirmas durante la noche
Dios lo modifica. Ligeras van las casas
Algunas llegan hasta el muelle con las luces encendidas
Parte (dicen) el alma de los muertos
Ah que serás tú a quien llaman "alma" aunque el aire
No alcanzó para hacerte materia ni el vello
Para arrancarlo alguna vez al pasar
Qué bálsamo o qué veneno derramas pues
En otros tiempos la noble Diotima
Cantando con inteligencia llegó a modificar
La mente del hombre y el curso de los ríos de Suabia 
De manera que quienes se aman estén aquí y allá
De dos estrellas y un destino solamente
Desprevenida parece estar aunque no lo esté
La Tierra. Saciada de diamantes y carbones
Pero sabe hablar y desde allí donde fluye la verdad
Con percusión subterránea o fuentes de inefable pureza
Viene a confirmártelo. ¿Cuál? ¿Qué?
Lo único que afirmas y que Dios no modifica
Ese algo inescrutable que existe
A pesar de todo en lo Vano y en la Nada.


Traducción : Pilar Fernández Rodríguez

jueves, 2 de junio de 2016

José Antonio Ramos Sucre: El romance del bardo.



Yo estaba proscrito de la vida. Recataba dentro de mí
 un amor reverente, una devoción abnegada, pasiones
 macerantes, a la dama cortés, lejana de mi alcance.
La fatalidad había signado mi frente.

Yo escapaba a meditar lejos de la ciudad, en medio
de ruinas severas, cerca de un mar monótono.
Allí mismo rondaban, animadas por el dolor, las
sombras del pasado.
Nuestra nación había perecido resistiendo las correrías
de una horda inculta.

La tradición había vinculado la victoria en la presencia
de la mujer ilustre, superviviente de una raza invicta.
 Debía acompañarnos espontáneamente, sin conocer
 su propia importancia.
La vimos, la vez última, víspera del desastre, cerca
de la playa, envuelta por la rueda turbulenta de
las aves marinas.

Desde entonces, solamente el olvido puede enmendar
 el deshonor de la derrota.
La yerba crece en el campo de batalla,
alimentada con la sangre de los héroes.




sábado, 7 de mayo de 2016

Rainer Maria Rilke: Ven cuando debas…


Ven cuando debas. Todo esto habrá pasado
a través de mi ser hasta tu aliento.

Por ti lo he contemplado largo tiempo sin darle ningún nombre,
con aquella mirada
propia de la pobreza, y lo he amado
como si tú estuvieras ya bebiendo de él.

Y sin embargo, cuando pienso que esto, todo esto:
yo mismo, las estrellas, las flores, el hermoso
lanzarse de los pájaros fuera del matorral saludador,
la altivez de las nubes
y todo lo que el viento ha podido hacer conmigo,
procurándome el tránsito desde un ser a otro próximo
—de manera que he sido uno y después el otro,
pues lo soy en efecto: soy lo que el gorgojeo de las bebidas
ha dejado en mi oído
y el exquisito gusto que una vez dispensara
a mis labios algún hermoso fruto—,
que todo, todo esto, cuando estés aquí un día,
—todo esto aun atrás el tiempo:
a la mirada a ras del niño hacia los cálices
de las flores, cuando es alta la hierba
del prado hasta llegar a una sonrisa de mi madre,
que quizás yo comprendo, empujado por tu ser,
como algo que me ha sido robado—,
que todo esto debo abandonar sin pausa: el día y la noche
de una naturaleza tan benigna,
sin saber ya si es mío lo que en ti empieza a arder:
te harás quizá más bella
nada más que a partir de tu propia belleza,
del exceso de esa indolencia en tus miembros,
de aquello que en tu sangre es lo más dulce,
qué se yo: porque tú te reconoces a ti misma en tu mano,
porque amorosamente te acaricia el cabello los hombros,
porque alguna cosa dentro del aire oscuro se te da a conocer,
porque me olvidas, porque no te esfuerzas en escuchar,
porque eres una mujer: Cuando todo esto pienso,
en cómo he bañado la ternura en la sangre
de corazón que nunca me asustó,
la silenciosa sangre de tan amadas cosas


Toledo, noviembre de 1912

Traducción: Juan Andrés García Román.

lunes, 25 de abril de 2016

Jaroslav Seifert: Canción de amor.


Oigo lo que no oyen los demás,
pies descalzos pisando terciopelo.
Suspiros bajo el sello de una carta,
el estremecimiento de las cuerdas, cuando no vibran.
A veces, huyendo de la gente,
veo lo que no ven los demás.
El amor, vestido con la risa
que se oculta en las pestañas, cubriendo los ojos.
Cuando aún tiene copos de nieve en los bucles,
veo florecer la rosa en el rosal.
Oí al amor partir
cuando unos labios por primera vez rozaron los míos.
Quién, sin embargo, detendrá mi esperanza:
ni siquiera el miedo al desengaño,
para que a tus rodillas no se ponga.

La más hermosa suele estar loca.

Traducción: Clara Janés.