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Mostrando entradas de julio, 2013

André Bretón: "En el hermoso día de 1934".

En el hermoso mediodía de 1934 El aire era una espléndida rosa color salmonete Y el bosque cuando yo me disponía a entrar comenzaba por un árbol con hojas de papel de fumar Porque yo te esperaba Y si tú te paseas conmigo Por donde sea Tú boca es intencionadamente el tizón De donde surge sin cesar la rueda azul difusa y rota que asciende Para palidecer el rodal Todas las ilusiones se apresuraban a mi encuentro Una ardilla vino a aplicar su blanco vientre sobre mi corazón Yo no sé cómo se mantenía Pero la tierra estaba llena de reflejos más profundos que los del agua Como si el metal hubiera por fin sacudido su cáscara Y tú tendida sobre el horroroso mar de pedrería Girabas Desnuda En el enorme sol de fuego artificial Yo te veía descender lentamente por los radiolarios Incluso las conchas del erizo del erizo yo estaba allí Perdón yo no estaba allí Había levantado la cabeza pues el vivo estuche de terciopelo blanco me había abandonado Y estaba triste El cielo entre las hojas resplandecía hosco y duro como una li…

Vinicius de Moraes: "Mujer al sol".

Una mujer al sol es todo mi deseo,
viene del mar, desnuda, con los brazos en cruz y la flor de los labios abierta para el beso y en la piel refulgente el polen de la luz.
Una hermosa mujer, los senos en reposo y caliente de sol, nada más se precisa. El vientre terso, el pelo húmedo y una sonrisa en la flor de los labios, abierta para el gozo.
Una mujer al sol sobre quien yo me arroje y a quien beba y me muerda y con quien me lamente, y que al someterse se enfurezca y solloce,
e intente rechazarme, y que al sentirme ausente me busque nuevamente y se quede a dormir
cuando yo, apaciguado, me disponga a partir.

Robert Desnos: "Cuento de hadas".

Había una vez  (y fueron tantas veces) un hombre que adoraba a una mujer. Había una vez (la vez fue muchas veces) que una mujer a un hombre idolatraba. Había una vez (lo fue muchas más veces) una mujer y un hombre que no amaban o aquel o aquella que los adoraban.
Había una vez (tal vez sólo una vez)
una mujer y un hombre que se amaban.

Pierre Louÿs: "El deseo".

Ella entró, y apasionadamente, los ojos cerrados, unió sus labios a los míos y nuestras lenguas se conocieron... Nunca hubo en mi vida un beso como aquél.
Ella estaba de pie contra mí, toda amorosa y complaciente. Una de mis rodillas, poco a poco, se colocó entre sus muslos cálidos, que cedieron como para un amante.
Mi mano deslizándose sobre su túnica, buscaba adivinar el cuerpo desnudo que curva a curva ondulante se plegaba, donde se combaba, se atiesaba con los roces de la piel.
Con sus ojos en delirio, designaba el lecho, pero no teníamos el derecho de amarnos antes de la ceremonia de nupcias y nos separamos
bruscamente.

Tristan Tzara: "He sembrado en tu cuerpo..."

He sembrado en tu cuerpo, amada, la flor que esparcirá pétalos sobre tu cuello, mejillas y manos y hará brotar mañana tus senos -primavera Me gustan las cejas y tus ojos con destello de metales y los brazos que ondulan como las serpientes, las olas, el mar
De tu cuerpo quisiera levantar palacios, arquitectónicos jardines y terrenales paraísos monumentales Quiero enterrarme en sus tierras cuando me muera Quiero enterrarme en tu carne cuando me muera
En tu cabello siento el olor de los racimos de naranjas En tus ojos anublados veo sol y en los labios ganas de comer Con tus dientes querrás Cortar carne del alma querrás cambiar las uñas en garras
Quisiera morder tus senos como muerden el pan Los hambrientos que mendigan monedas en la calle Quisiera que florecieran en tus miradas jardines arquitectónicos
Alinear tu pensar a los sueños terrenales, mamie.

Ezra Pound: "El encuentro".

Mientras ellos hablaban todo el tiempo de la nueva moral ella me exploraba con sus ojos, y cuando me levanté para marcharme sus dedos fueron como el tejido
de una servilleta japonesa de papel.

Pär Lagerkvist: "El atardecer".

Es el atardecer cuando uno se aleja, a la caída del sol.
Es entonces cuando se abandona todo.
El pensamiento recoge su tolda de tela de araña y el corazón olvida el porqué de su angustia. El caminante del desierto abandona su campamento, que pronto desaparecerá bajo la arena, y continúa su viaje en la quietud de la noche, guiado por enigmáticas estrellas.

Versión de Axel  Von Greiff

Osip Mandelstam: "Yo quiero servirte... ".

Yo quiero servirte Al igual que otros, Con la boca sedienta Hechizarte de celos. La palabra no me apacigua Los labios resecos Y sin ti otra vez El aire vacío es espeso.
Ya no siento celos Pero te deseo Y yo mismo me cargo Como un verdugo a su víctima. No te nombraré Ni el amor, ni el gozo, Me cambiaron la sangre Por una más salvaje y ajena.
En un instante más Te diré una cosa: Encuentro en ti sufrimiento En vez de la alegría. Como en un crimen Hacia ti me atrae La boca tierna cereza En el caos mordida.

Versión de  Jorge Bustamante García

Rudyard Kipling: "Si".

Si puedes mantener la cabeza cuando todo a tu alrededor pierde la suya y por ello te culpan, si puedes confiar en ti cuando de ti todos dudan, pero admites también sus dudas; si puedes esperar sin cansarte en la espera, o ser mentido, no pagues con mentiras, o ser odiado, no des lugar al odio, y -aun- no parezcas demasiado bueno, ni demasiado sabio.
Si puedes soñar -y no hacer de los sueños tu maestro, si puedes pensar -y no hacer de las ideas tu objetivo, si puedes encontrarte con el Triunfo y el Desastre y tratar de la misma manera a los dos farsantes; si puedes admitir la verdad que has dicho engañado por bribones que hacen trampas para tontos. O mirar las cosas que en tu vida has puesto, rotas, y agacharte y reconstruirlas con herramientas viejas.
Si puedes arrinconar todas tus victorias y arriesgarlas por un golpe de suerte, y perder, y empezar de nuevo desde el principio y nunca decir nada de lo que has perdido; si puedes forzar tu corazón y nervios y tendones para jugar tu turno tiempo después de q…

Olavo Bilac:"Vita nuova".

Si con los mismos ojos abrasados, al mismo gozo antiguo me convidas, máta el recuerdo de las horas idas en que los dos vivimos separados.
Y no me hables de lágrimas perdidas, ni me culpes por besos disipados; caben en una vida cien mil vidas, como en un corazón cien mil pecados.
¡Te amol ¡La llama del amor, más fuerte revive. Olvida mi pasado, loca! Qué importa el tiempo que viví sin verte,
si aun te quiero, después de amores tántos, y si aun tengo, en los ojos y en la boca, nuevas fuentes de besos y de llantos!

Versión de Miguel Rasch-Isla

Luís de Camões:" Vos tenéis mi corazón".

Mi corazón me han robado; y Amor viendo mis enojos, me dijo: "Fuete llevado por los más hermosos ojos que desque vivo he mirado. Gracias sobrenaturales te lo tienen en prisión". Y si Amor tiene razón, señora, por las señales, vos tenéis mi corazón.
(1524 – 1580)

Sully Prudhome: "Las cadenas".

Deseé amarlo todo y ahora soy desgraciado, porque he multiplicado las causas de mis penas. Innumerables lazos sutiles y dolorosos unen mi alma a las cosas en todo el universo.
Todo me atrae al mismo tiempo y con igual atractivo: lo cierto, por sus resplandores, y lo desconocido por sus velos. Un estremecido trazo de oro une mi corazón al sol, y largos hilos de seda lo enlazan con las estrellas.
La armonía me encadena al aire melodioso, la suavidad del terciopelo a las rosas que acaricio. He hecho de una sonrisa cadena de mis ojos, y de un beso cadena de mi boca.
Mi vida pende de esos frágiles lazos, y estoy cautivo de los mil seres que amo. A la menor sacudida que un soplo les imprime, siento que se desgarra algo de mí mismo.
Versión de Max Grillo


Samuel Taylor Coleridge: "Hay una mente, una mente omnipresente... "

Hay una mente, una mente omnipresente y omnífica. Su nombre sagrado es el Amor. ¡Oh verdad de sublime grandeza! Quien se nutre sacia con ella su alma constante, escapa con una bendición de este ínfimo mundo.
Es lo más alto del hombre, nuestra meridiana majestad, sabernos partes de una maravillosa totalidad. Esto hermana al hombre y asienta su caridad y su conducta. Pero es Dios, difundiéndose en todo, quien hace todo una unidad. Y ésta es la peor superstición: desear algo que no sea Él mismo, suprema realidad (...)
Versión de Gabriel Insuasti


Sophia de Mello Breyner: "Si todo el ser al viento abandonamos...".

Si todo el ser al viento abandonamos Y sin miedo ni compasión nos destruimos, Si morirnos en aquello que sentimos Y podemos cantar, es porque estamos Al desnudo, el propio dolor meciendo en sangre Frente a las madrugadas del amor. Cuando la mañana brille otra vez floreceremos Y el alma beberá ese esplendor Prometido en las formas que perdemos.

Versión de Diana Bellessi

Paul Auster: "Tú, indomable...".

Tú, indomable en este flujo terrestre: tú, donde las últimas semillas auguran cercanía: tú harás sonar el delirio coral de la memoria, e irás por el camino de los ojos. No te queda otra, ni más larga, salida: desde el instante en que te cortes las venas, las raíces comenzarán a recitar la masacre de las piedras. Vivirás. Construirás tu casa aquí: olvidarás tu nombre. La tierra es el único exilio.
Versión de Jordi Doce
De "Despariciones" Pre-textos 1996

Max Aub: "Verano".

1 Igual que en amor, lo que dieras, doy.
Después de haber dado por nubes su nieve, campo, espejo fiel, por azul da verde.
Igual que en amor lo que dieras, doy.
2 Julio dará su mies al sol que más caliente, voluptuosa miel que al viento ondula y cede. 18-3-42

Ko Un: "En tu regazo".

Un siglo en tu regazo sin patria sin amigos sin camino que pueda emprender
Qué delirio, el territorio de la oscuridad

Versión de Joung Kwon Tae.

Arthur Rimbaud: "Sensación".

Iré, cuando la tarde cante, azul, en verano, herido por el trigo, a pisar la pradera; soñador, sentiré su frescor en mis plantas y dejaré que el viento me bañe la cabeza.
Sin hablar, sin pensar, iré por los senderos: pero el amor sin límites me crecerá en el alma. Me iré lejos, dichoso, como con una chica, por los campos , tan lejos como el gitano vaga.
Marzo de 1870

Versión de Andrés Holguín.

Pierre Louÿs: "El apogeo"

Psiqué, hermana mía, escucha inmóvil, y tiembla. La dicha llega, nos toca y nos habla de rodillas. Estrechémonos las manos. Sé grave. Escucha aún... Nadie es más feliz esta noche, más divino que nosotros.
Una ternura inmensa atrae entre las sombras nuestros ojos semi-cerrados. ¿Qué queda todavía del beso que se calma, del suspiro que se pierde? La vida ha dado la vuelta a nuestro áureo reloj de arena.
Esta es nuestra hora eterna; eternamente grande. La hora que sobrevivirá al efímero amor como un velo impregnado de rosa y lavanda conserva, cien años después, la juventud de un día.
Más tarde, hermosa mía, cuando noches ajenas hayan pasado sobre ti, que ya no me esperarás, cuando otros, acaso, amiga de las suaves manos, celosos de mi nombre, rozarán tus pies desnudos.
Acuérdate de que un día vivimos los dos juntos la única hora en que los dioses conceden, un instante, a la cabeza inclinada, a la espalda temblorosa, el puro espíritu vital que huye con el tiempo.
Acuérdate de que una noche, en nuestro lecho, …

Anaïs Nin: "Siempre hubo en mí, al menos, dos mujeres"

Siempre hubo en mí, al menos, dos mujeres una mujer desesperada y perpleja que siente que se está ahogando y otra que salta a la acción, como si fuera un escenario, disimulando sus verdaderas emociones porque ellas son la debilidad, la impotencia, la desesperación y presenta al mundo sólo una sonrisa,
ímpetu, curiosidad, entusiasmo, interés.
Fragmento de El diario de Anais Nin.

Eugenio Montejo: "Amantes".

Se amaban. No estaban solos en la tierra; tenían la noche, sus vísperas azules, sus celajes.
Vivían uno en el otro, se palpaban como dos pétalos no abiertos en el fondo de alguna flor del aire.
Se amaban. No estaban solos a la orilla de su primera noche. Y era la tierra la que se amaba en ellos, el oro nocturno de sus vueltas, la galaxia.
Ya no tendrían dos muertes. No iban a separarse. Desnudos, asombrados, sus cuerpos se tendían como hileras de luces en un largo aeropuerto donde algo iba a llegar desde muy lejos,
no demasiado tarde.