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Mostrando entradas de octubre, 2015

Rainer Maria Rilke: Entonces será el ángel…

Entonces será el ángel ciertamente  el que bebe despacio de mis rasgos 
el vino esclarecido de visiones. 
Sediento, ¿quién te ha llamado aquí? 
Y que tú estés sediento, tú en quien la catarata de Dios en cada vena se arroja: que tú tengas 
también sed: abandónate a la sed 
(¡cuánto me has conmovido!). 
Y, mientras fluyo, siento  lo seca que tenías la mirada; 
y estoy tan inclinado encima de tu sangre 
que hasta inundo tus cejas, las puras.


París, finales de 1913

Hwang Chin-i: La noche más larga.

La noche más larga del invierno la corto por la mitad.
La guardo bajo mi cobija de primavera.

Cuando venga mi amor, la desplegaré.

Emily Dickinson: El amanecer nos convoca a Ambos

El amanecer nos convoca a Ambos- El Este -Su Verdad Púrpura Comparte con las Colinas- El Mediodía desplegó su Azul Hasta que Un Aliento nos tapó a los Dos- Lejanos -quietos- No olvida la noche
Para Cada Uno un Candil -colocar- Pabilos bien encendidos- El Norte -Su deslumbrante Señal- Erguida en medio del Yodo- Hasta que Ambos -lo podamos ver-
Los Oscuros Brazos de La Medianoche Encerró Hemisferios y Hogares Y así Sobre su Regazo -Uno- Y uno, sobre Su Dobladillo-
Ambos acostados-

Salvatore Quasimodo: En la antigua luz de las mareas

Ciudad de isla sumergida en mi corazón, desciendo en la antigua luz de las mareas, cerca de sepulcros a la orilla de aguas que una alegría desata de árboles soñados.
Me llamo: se espeja un sonido en amoroso eco, y el secreto se endulza, el estremecerse en amplios desprendimientos de aire.
Un cansancio de precoces renacimientos se abandona en mí, la habitual pena de ser mío en una hora más allá del tiempo
Y tus muertos siento en los celosos latidos de venas vegetales hacerse menos hondos:
un respirar absorto de narices.

Octavio Paz: Otoño.

En llamas, en otoños incendiados, arde a veces mi corazón, puro y solo. El viento lo despierta, toca su centro y lo suspende en luz que sonríe para nadie: ¡cuánta belleza suelta!
Busco unas manos, una presencia, un cuerpo, lo que rompe los muros y hace nacer las formas embriagadas, un roce, un son, un giro, un ala apenas; busco dentro mí, huesos, violines intocados, vértebras delicadas y sombrías, labios que sueñan labios, manos que sueñan pájaros...
Y algo que no se sabe y dice «nunca» cae del cielo, de ti, mi Dios y mi adversario.