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Mostrando entradas de septiembre, 2012

Rabindranath Tagore: "Toda la mañana estoy queriendo..."

Toda la mañana  estoy queriendo hacer una guirnalda, pero las flores se me sueltan y se me caen. Tú la que estás ahí sentada mirándome con el rabillo de tus ojos implacables, pregúntales a ellos, que tanta negra picardía, piensan quién tiene la culpa de todo.
Quiero cantar una canción, pero es en vano .Pregúntale quién tiene la culpa a esa sonrisa escondida que tiembla en tus labios. Que tu boca sonreída jure a mi voz  se perdió en el silencio, como una abeja ebria en la flor de loto.
La noche entra y se cierran las flores. ¡Deja que me siente a tu lado , y diles a mis labios que hagan lo que sólo puede hacerse en silencio, a la vaga luz de las estrellas!

De “El Jardinero”

Carta de Victor Hugo a Adéle Foucher (fragmento)

20 de octubre en la noche
Esta es una carta muy importante, Adéle; de ahora en adelante todo entre nosotros depende de la impresión que te cause. Trataré de ordenar coherentemente algunas ideas, y ciertamente tendré que desvelarme esta noche peleando de nuevo. Voy a hablarte seria e íntimamente, y sólo deseo que ello pueda ser en persona, porque entonces podré tener tu respuesta (que esperaré con gran impaciencia) en el acto, y juzgar por mí mismo, por tu expresión, el efecto que mis palabras están teniendo sobre tí, un efecto que será crucial para decidir nuestro futuro común. Hay una palabra Adéle, que aparentemente hasta ahora hemos tenido miedo de usar -la palabra amor-, no obstante que lo que siento por tí es amor genuino; el problema es uno de complicidad: si lo que sientes por mí es también amor. Esta carta removerá esta duda, sobre cuya resolución depende mi vida entera. [...]

Jorge Luis Borges: "Las causas".

Los ponientes y las generaciones. Los días y ninguno fue el primero. La frescura del agua en la garganta de Adán. El ordenado Paraíso. El ojo descifrando la tiniebla. El amor de los lobos en el alba. La palabra. El hexámetro. El espejo. La Torre de Babel y la soberbia. La luna que miraban los caldeos. Las arenas innúmeras del Ganges. Chuang-Tzu y la mariposa que lo sueña. Las manzanas de oro de las islas. Los pasos del errante laberinto. El infinito lienzo de Penélope. El tiempo circular de los estoicos. La moneda en la boca del que ha muerto. El peso de la espada en la balanza. Cada gota de agua en la clepsidra. Las águilas, los fastos, las legiones. César en la mañana de Farsalia. La sombra de las cruces en la tierra. El ajedrez y el álgebra del persa. Los rastros de las largas migraciones. La conquista de reinos por la espada. La brújula incesante. El mar abierto. El eco del reloj en la memoria. El rey ajusticiado por el hacha. El polvo incalculable que fue ejércitos. La voz del rui…

Carta de Kahlil Gibrán a Mary Haskell.

Para vivir es necesario coraje. Tanto la semilla intacta como la que rompe su cáscara tienen las mismas propiedades. Sin embargo, sólo la que rompe su cáscara es capaz de lanzarse a la aventura de la vida.
Esta aventura requiere una única osadía: descubrir que no se puede vivir a través de la experiencia de los otros, y estar dispuesto a entregarse. No se puede tener los ojos de uno, los oídos de otro, para saber de antemano lo que va a ocurrir; cada existencia es diferente de la otra.
No importa lo que me espera, yo deseo estar con el corazón abierto para recibir. Que yo no tenga miedo de poner mi brazo en el hombro de alguien, hasta que me lo corten. Que yo no tema hacer algo que nadie hizo antes. Déjenme ser tonto hoy, porque la tontería es todo lo que tengo para dar esta mañana; me pueden reprender por eso, pero no tiene importancia. Mañana, quién sabe, yo seré menos tonto.
Cuando dos personas se encuentran, deben ser como dos lirios acuáticos que se abren de lado a lado, cada una…

Carta de Amor de Honoré de Balzac a Eva Hanska.

"Mi amado angel,
Estoy loco por ti: no puedo unir dos ideas sin que tú te interpongas entre ellas. Ya no puedo pensar en nada diferente a ti. A pesar de mí, mi imaginación me lleva a pensar en ti. Te agarro, te beso, te acaricio, mil de las más amorosas caricias se apoderan de mí. En cuanto a mi corazón, ahí estarás muy presente. Tengo una deliciosa sensación de ti allí. Pero mi Dios, ¿qué será de mí ahora que me has privado de la razón? Esta es una manía que, esta mañana, me aterroriza. Me pongo de pie y me digo a mí mismo: “Me voy para allá”. Luego me siento de nuevo, movido por la responsabilidad. Ahí hay un conflicto miedoso. Esto no es vida. Nunca antes había sido así. Tú lo has devorado todo.
Me siento tonto y feliz tan pronto pienso en ti. Giro en un sueño delicioso en el que en un instante se viven mil años. ¡Qué situación tan horrible!   Estoy abrumado por el amor, sintiendo amor en cada poro, viviendo solo por amor, y viendo cómo me consumen los sufrimientos, atrapado en mil…

Julio Cortázar: "El breve amor"

Con qué tersa dulzura me levanta del lecho en que soñaba profundas plantaciones perfumadas,
me pasea los dedos por la piel y me dibuja en el espacio, en vilo, hasta que el beso se posa curvo y recurrente
para que a fuego lento empiece la danza cadenciosa de la hoguera tejiéndonos en ráfagas, en hélices, ir y venir de un huracán de humo-
(¿Por qué, después, lo que queda de mí es sólo un anegarse entre cenizas sin un adiós, sin nada más que el gesto de liberar las manos ?)
Julio Cortazar.

Arcipreste de Hita: "Sírvela, no te canses"

Sírvela, no te canses, sirviendo el amor crece...
»Sírvela, no te canses, sirviendo el amor crece; homenaje bien hecho no muere ni perece, si tarda, no se pierde; el amor no fallece pues siempre el buen trabajo todas las cosas vence.
»Agradécele mucho cuanto ella por ti hiciere, ensálzalo en más precio de lo que ello valiere no te muestres tacaño en lo que te pidiere ni seas porfiado contra lo que dijere.
»Busca muy a menudo a la que bien quisieres, no tengas de ella miedo cuando tiempo tuvieres; vergüenza no te embargue si con ella estuvieres: perezoso no seas cuando la ocasión vieres.
»Si la mujer encuentra un haragán cobarde dice luego entre dientes: -¡Fuera, que se hace tarde! Si a una dama cortejas, tu ropón no te enfarde, que tu vestido airoso haga del talle alarde.
»La pereza excesiva es miedo y cobardía, pesadez y vileza, suciedad y astrosía; por pereza perdieron muchos mi compañía, por pereza se pierde mujer de gran valía. [...]
 Fragmento: Libro del Buen Amor.  Siglo XIV.