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Mostrando entradas de marzo, 2014

Michelangelo Buonarroti : "Mis ojos, que codician cosas bellas".

CVII
Mis ojos, que codician cosas bellas como mi alma anhela su salud, no ostentan más virtud que al cielo aspire, que mirar aquellas. De las altas estrellas desciende un esplendor que incita a ir tras ellas y aqui se llama amor. No encuentra el corazón nada mejor que lo enamore, y arda y aconseje
que  dos ojos que a dos astros semejen.

William Shakespeare: Soneto CXVI

Déjame que en el enlace de dos almas fieles No admita impedimentos;
no es amor el amor que se altera cuando alteración halla, o se pliega con el que se va a irse.
¡Ay no! es una marca siempre fija que mira a las tempestades y nunca la agitan;
Es la estrella para todo barco errante, cuyo valor es desconocido aunque se pueda medir su altura.
Amor no se deja engañar por el Tiempo, aunque los labios y mejillas rosados al alcance de su curvada hoz lleguen;

Amor no se altera con sus breves horas y semanas, sino que lo resiste incluso hasta el filo del juicio. 
Si esto es error y me lo demuestran, nunca escribí, ni ningún hombre nunca amó.

Giorgos Seferis: " Dijiste hace años..."

"Dijiste hace años: En el fondo soy un asunto de luz.
Y ahora todavía al apoyarte en la ancha espalda del sueño,
aun cuando te hunden en el pecho aletargado del pronto,
buscas rincones donde el negro se ha gastado y no resiste,
buscas a tientas la daga destinada a perforar tu corazón y 

abrirlo a la luz".

Johann Wolfgang von Goethe: "Ganimedes".

En tu luz matinal como me envuelves,
¡oh primavera amada!
Con todas las delicias del amor,
entra en mi pecho
tu sacro ardor de eterna llamarada;
¡oh infinita Belleza:
si pudiese estrecharte entre mis brazos!

Recostado en tu pecho languidece
mi corazón; de musgos y de flores
dulcemente oprimido, desfallece.
Tú apaciguas mi sed abrasadora,
¡oh brisa matinal y acariciante!
mientras el ruiseñor enamorado
me llama entre la niebla vacilante.
Ya voy, ya voy, y ¿adónde?
¡Ay! ¿Adónde? Hacia arriba, ¡siempre arriba!

Flotan, flotan las nubes o descienden
y abren paso al amor de ímpetu fiero.
A mí hacia mí, contra tu ser, ¡arriba!
¡En abrazo sin par, arriba, arriba!
Contra tu corazón, ¡oh dulce padre,
oh inmenso padre del amor fecundo!