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Entradas

Mostrando entradas de junio, 2014

Jorge Luis Borges: "La noche de San Juan".

El poniente implacable en esplendores quebró a filo de espada las distancias. Suave como un sauzal está la noche. Rojos chisporrotean los remolinos de las bruscas hogueras; leña sacrificada que se desangra en altas llamaradas, bandera viva y ciega travesura. La sombra es apacible como una lejanía; hoy las calles recuerdan que fueron campo un día. Toda la santa noche la soledad rezando su rosario de estrellas desparramadas.

Claire Goll: "Yo he nacido en tu corazón".

Yo he nacido en tu corazón. Un domingo -con veinte años- tú me enseñaste a hacer equilibrio sobre nubes; tú trajiste a mis ojos las lágrimas de la bienaventuranza; tú me ordenaste abrir las puertas al ángel con las alas manchadas y al asesino de la medianoche para pedir perdón.
Tú me enseñaste el éxtasis delante del guijarro -cargado con duración-, delante de la maleza del muladar; tú ensayaste conmigo la canción a dos voces: el aria del amor a prueba de fuego y que resiste a todo incendio... pero la muerte la ha chamuscado y yo me derrumbo bajo el peso de la aflicción de plomo.
Sí; tú que me trajiste al mundo,
¡ayúdame a emigrar al cielo!

Ezra Pound: La zambullida

Querría bañarme en extrañeza: estas comodidades amontonadas encima de mí, me asfixian! ¡Me quemo, ardo en deseos de algo nuevo, amigos nuevos, caras nuevas y lugares! Oh, estar lejos de todo esto, esto que es todo lo que quise ...salvo lo nuevo.
¡Y tú, amor, la que mucho, la que más he deseado! ¿Acaso no me repugnan todas las paredes, las calles, las piedras, todo el barro, la bruma, toda la niebla, todas las clases de tráfico? A ti, yo te querría fluyendo encima de mí como el agua, ¡oh, pero fuera de aquí! Hierba y praderas y colinas y sol ¡oh, suficiente sol! ¡Lejos y a solas, en medio de
gente extraña!

Amy Lawrence Lowell: Década

Cuando viniste, tú eras semejante al vino tinto y a la miel Y el gusto de ti encendió mi boca con su dulzura Ahora eres como el pan de la mañana, Suave y placentera, Apenas te degusto, puesto que conozco tu sabor Pero sin embargo estoy completamente saciada.

John Donne: Los buenos días

¿Qué hicimos, a fe mía, hasta el instante de amarnos? ¿Apenas habíamos empezado a vivir hasta entonces? ¿Absorbíamos puerilmente los placeres encendidos del campo? ¿O roncábamos en la cueva de los siete durmientes? Así fue; pero eran fantasías todos esos placeres. Siempre que descubría alguna belleza Y la deseaba, eras tú a la que anhelaba en mis sueños. Y ahora buenos días a nuestras almas que despiertan, Que se observan una a otra no sin miedo; Por amor todo amor sobre otras miradas prevalece, Y construye un pequeño refugio en cualquier parte. Que los descubridores de mares visiten nuevos mundos, Que mundos sobre mundos a otros los mapas les enseñen, Déjennos conquistar un mundo; Cada uno posee el suyo, y es sólo uno. Mi rostro en tus ojos, en los míos el tuyo, En los rostros descansan los fieles corazones; ¿Dónde podríamos encontrar dos hemisferios tan perfectos Sin el Norte glacial, sin el agonizante ocaso? Aquello que muere no está debidamente amalgamado; Si son nuestros amores uno, o si nos amamos
S…

William Blake: La rosa enferma

La rosa enferma Estás enferma, ¡oh rosa! El gusano invisible, Que vuela, por la noche, En el aullar del viento,
Tu lecho descubrió De alegría escarlata, Y su amor sombrío y secreto
Consume tu vida.

Else Lasker-Schüler: ¡Viva!

Mi deseo hierve en la nostalgia de mi sangre como vino salvaje que arde entre pétalos de fuego. Quisiera que tú y yo, nosotros, fuéramos una fuerza, que fuéramos de una sangre y una consumación, una pasión, ¡Una ardiente canción de amor de los mundos!
Quisiera que tú y yo, nosotros, nos ramificáramos, cuando -loco de sol- el día de verano clama por la lluvia ¡y nubes de tormenta estallan en el aire! Y que toda vida fuera nuestra; que arrancáramos a la misma muerte de su tumba y que nos regocijáramos por su silencio. Quisiera que -desde nuestro abismo- se eleven masas -como rocas- una tras otra y desemboquen en una cumbre, ¡inalcanzablemente lejana! Que abarcáramos por completo el corazón del cielo y que nos encontremos en cada brisa ¡y que deslumbráramos toda eternidad!
Un día de celebración en el que murmuraremos uno en el otro, en el que -nosotros dos- nos precipitaremos uno en el otro, como fuentes que manan desde la escarpada altura rocosa en olas que escuchen el propio canto y -de pronto- caigan rugiendo y conf…