Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando entradas de abril, 2015

Tomas Tranströmer: ALLEGRO

Toco a Haydn después de un día negro
y siento un sencillo calor en las manos.
Las teclas están listas. Los macillos golpean suavemente.
Su resonancia es verde, animada y tranquila.

El sonido dice que la libertad existe
y que alguien no le paga impuestos al César.

Meto las manos en los bolsillos como Haydn
e imito a aquel que observa tranquilamente el mundo.

Izo la bandera de Haydn — lo cual quiere decir:
“No nos rendimos. Pero anhelamos la paz.”

La música es una casa de vidrio en la ladera
donde las piedras vuelan, donde ruedan.

Y las piedras ruedan directo hacia la casa
y no obstante los vidrios permanecen intactos.

Samuel Beckett: Para ella el acto sosegado...

Para ella el acto sosegado
los poros sabios el sexo inocentón
la espera no muy lenta los lamentos no
demasiado largos la ausencia
al servicio de la presencia
los pocos jirones de azul en la cabeza las
punzadas al fin muertas del corazón
toda la gracia tardía de una lluvia que cesa
con la caída de una noche
de agosto

para ella vacía
él puro
de amor

Benn Gottfriend: Amelos

Amelos: días que se queman lentamente, conjuro antiguo, encantamiento, los dioses sostienen la balanza durante una hora titubeante.
Una vez más los dorados tropeles de los cielos, la luz, la florescencia. ¿Qué incuba la vieja creación bajo las alas agonizantes?
Otra vez lo que se anhela, el éxtasis, el Tú hecho de rosas... Estaba el verano y se apoyaba, y contempló las golondrinas.
Una vez más una presunción, donde hace mucho vigila la certeza: golondrinas que rozan el oleaje y beben viaje y beben de la noche.


Yves Bonnefoy: Nombre verdadero

Nombraré desierto el castillo que fuiste noche esta voz, ausencia tu rostro, y cuando te derrumbes en la tierra estéril nombraré nada al relámpago que te arrebató
Morir es un país que amabas. Llego siempre por tus sombríos caminos, destruyo tu deseo, tu forma, tu memoria, soy tu enemigo y no tendré piedad.
Te nombraré guerra y me tomaré contigo las libertades de la guerra y sostendré en mis manos tu rostro oscuro y surcado, y en mi corazón ese país que ilumina la tormenta.


E.E Cummings: Lo que al color la lluvia.

LXIII: 267
lo que al color la lluvia, sé tú al amor y créame gradualmente (así inventan el aire las colinas que ahora brotan) exhala mis cómos y mi trémulo dónde y mi cuándo aún invisible y espera:
si no soy corazón, ya estoy latiendo. Piensa que partí como un sol debe partir, haciendo que para ti la tierra parezca alegrefirme. Recuerda (así las perlas más que cercan un cuello)
más allá de su nunca-final tus miedos vístenme
(oscura inquieta enorme la sílaba de amor ni gana en la alabanza ni pierde en la condena). Morirá el pensamiento que no nazca del sueño. Baila el árbol, las alas al año acogen (flota
el poema aunque el mundo y el deseo se hundan
(1931)

Bertolt Brecht: Antes.

Antes me parecía hermoso vivir el frío y una viva caricia para mí era el frescor, me gustaba lo amargo, y era como si pudiese seguir con mis caprichos incluso en un banquete de tinieblas.
Alegría sacaba de frío manantial, y aquella vastedad la dio la nada. De la tiniebla natural, maravillosamente, se destacó una extraña claridad. ¿Por mucho tiempo? Apenas. Pero yo, amigo mío, salí adelante.