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Mostrando entradas de agosto, 2012

Jorge Teillier: "Después de todo"

Después de todo
nos volveremos a encontrar.
El verano tenderá sus manteles en el suelo
para que dispongamos nuestras provisiones
y tú seguirás bella
como la canción El Vino de Mediodía
que el loco tocaba en la leñera.

Después de todo
hay tantas y tantas tierras.
Yo no me impaciento.
Tenemos todos los años del mundo para
                                                    recorrerlas
hasta que de nuevo estemos juntos
y tú me contarás
que una vez me conociste
en un pequeño planeta que yo no recuerdo
un planeta llamado Tierra
y vas a hablarme
de casas visitadas por la luna;
billetes de apuesta a los hipódromos,
nuestras iniciales dibujadas con tiza blanca
en un muro en demolición.

Equivoquémonos todo lo que queramos.
La tierra del desamor no existe
ante el gesto tuyo de mostrar las magnolias
de una plaza de barrio,
tu cabeza en mi hombro,
la clara música nocturna de tu cuerpo.

Un gesto rehace todo:
cuando la casa se incendia
su vida sigue entera
en la hoja chamuscada de un cuaderno,
el alfil sobreviviente del ajedrez.

E…

Paul Eluard: NUSCH.

Los sentimientos aparentes.                        Ligereza del acercarse.                        La cabellera de las caricias.
                       Sin preocupación, sin sospechas.                        Tus ojos se entregan a lo que ven:                        Son vistos porque ellos miran.
                       Confianza de cristal                        entre dos espejos.                        Tus ojos se pierden en la noche                        para añadir el insomnio al deseo.-
Paul Eluard.

Paul Celan: "Estaba".

Estaba la pizca de higo en tu labio.

Estaba Jerusalén a nuestro alrededor.

Estaba el aroma de los pinos albares sobre el barco danés que bendecíamos.

Yo estaba en ti.
Paul Celan.

Jüri Talvet: "El Amor"

EL AMOR
es mandamiento, así pensaba Kierkegaard. Mejor será –pienso yo– amar, sin hacer                           caso de ese mandamiento.




Reconociéndose el alma con el alma, respondiendo la sangre a la sangre, sin saber, en pleno vuelo –hacia arriba o hacia abajo–, cuál habrá de ser el lugar de destino.

John Donne: "Por quién doblan las campanas".

¿Quién no mira al sol cuando atardece?  ¿Quién quita sus ojos del cometa cuando estalla?  ¿Quién no presta oídos a una campana cuando por algún hecho tañe?  ¿Quién puede desoír esa campana cuya música lo traslada fuera de este mundo?  Ningún hombre es una isla entera por sí mismo.  Cada hombre es una pieza del continente, una parte del todo.  Si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia.  Ninguna persona es una isla; la muerte de cualquiera me afecta, porque me encuentro unido a toda la humanidad; por eso, nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti.