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José Antonio Ramos Sucre: Carnaval

Karl Hofer-Gran Carnaval.


Una mujer de facciones imperfectas y de gesto apacible
obsede mi pensamiento. Un pintor septentrional la
habría situado en el curso de una escena familiar,
para distraerse de su genio melancólico, asediado por
figuras macabras.

Yo había llegado a la sala de la fiesta en compañía
de amigos turbulentos, resueltos a desvanecer la
sombra de mi tedio. Veníamos de un lance, donde
ellos habían arriesgado la vida por mi causa.
Los enemigos travestidos nos rodearon súbitamente,
después de cortarnos las avenidas. Admiramos el
asalto bravo y obstinado, el puño firme de los espadachines.
Multiplicaban, sin decir palabra, sus golpes
mortales, evitando declararse por la voz. Se alejaron,
rotos y mohínos, dejando el reguero de su sangre en
la nieve del suelo.

Mis amigos, seducidos por el bullicio de la fiesta,
me dejaron acostado sobre un diván. Pretendieron
alentar mis fuerzas por medio de una poción estimulante.
Ingerí una bebida malsana, un licor salobre y
de verdes reflejos, el sedimento mismo de un mar
gemebundo, frecuentado por los albatros.
Ellos se perdieron en el giro del baile.

Yo divisaba la misma figura de este momento.
Sufría la pesadumbre del artista septentrional y notaba
la presencia de la mujer de facciones imperfectas y
de gesto apacible en una tregua de la danza de los muertos.

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En algún 
lugar al que nunca he viajado, 
felizmente más allá de toda experiencia, 
tus ojos tienen su silencio: 
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o que no puedo tocar porque están demasiado cerca. 

Con solo mirarme, me liberas. 
Aunque yo me haya cerrado como un puño, 
siempre abres, pétalo tras pétalo mi ser, 
como la primavera abre con un toque diestro 
y misterioso su primera rosa. O si deseas cerrarme, yo y 
mi vida nos cerraremos muy bella, súbitamente, 
como cuando el corazón de esta flor imagina 
la nieve cayendo cuidadosa por doquier. 



Nada que hayamos de percibir en este mundo iguala 
la fuerza de tu intensa fragilidad, cuya textura 
me somete con el color de sus campos, 
retornando a la muerte y la eternidad con cada respiro. 

Ignoro tu destreza para cerrar y abrir 
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