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Paul Eluard: "Libertad"


En mis cuadernos de escolar

en mi pupitre en los árboles

en la arena y en la nieve

escribo tu nombre.



En las páginas leídas

en las páginas vírgenes

en la piedra la sangre y las cenizas

escribo tu nombre.



En las imágenes doradas

en las armas del soldado

en la corona de los reyes

escribo tu nombre.



En la selva y el desierto

en los nidos en las emboscadas

en el eco de mi infancia

escribo tu nombre.



En las maravillas nocturnas

en el pan blanco cotidiano

en las estaciones enamoradas

escribo tu nombre.



En mis trapos azules

en el estanque de sol enmohecido

en el lago de viviente lunas

escribo tu nombre.



En los campos en el horizonte

en las alas de los pájaros

en el molino de las sombras

escribo tu nombre.




En cada suspiro de la aurora

en el mar en los barcos

en la montaña desafiante

escribo tu nombre.



En la espuma de las nubes

en el sudor de las tempestades

en la lluvia menuda y fatigante

escribo tu nombre.



En las formas resplandecientes

en las campanas de colores

en la verdad física.

escribo tu nombre.



En los senderos despiertos

en los caminos desplegados

en las plazas desbordantes

escribo tu nombre.



En la lámpara que se enciende

en la lámpara que se extingue

en la casa de mis hermanos

escribo tu nombre.

En el fruto en dos cortado

en el espejo de mi cuarto

en la concha vacía de mi lecho

escribo tu nombre.



En mi perro glotón y tierno

en sus orejas levantadas

en su patita coja

escribo tu nombre.



En el quicio de mi puerta

en los objetos familiares

en la llama de fuego bendecida

escribo tu nombre.



En la carne que me es dada

en la frente de mis amigos

en cada mano que se tiende

escribo tu nombre.

En la vitrina de las sorpresas

en los labios displicentes

más allá del silencio

escribo tu nombre.



En mis refugios destruidos

en mis faros sin luz

en el muro de mi tedio

escribo tu nombre.



En la ausencia sin deseo

en la soledad desnuda

en las escalinatas de la muerte

escribo tu nombre.



En la salud reencontrada

en el riesgo desaparecido

en la esperanza sin recuerdo

escribo tu nombre.



Y por el poder de una palabra

vuelvo a vivir

nací para conocerte

para cantarte

Libertad



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e. e Cummings : "Nadie,ni siquiera la lluvia..".

En algún 
lugar al que nunca he viajado, 
felizmente más allá de toda experiencia, 
tus ojos tienen su silencio: 
En tu gesto más frágil hay cosas que me rodean 
o que no puedo tocar porque están demasiado cerca. 

Con solo mirarme, me liberas. 
Aunque yo me haya cerrado como un puño, 
siempre abres, pétalo tras pétalo mi ser, 
como la primavera abre con un toque diestro 
y misterioso su primera rosa. O si deseas cerrarme, yo y 
mi vida nos cerraremos muy bella, súbitamente, 
como cuando el corazón de esta flor imagina 
la nieve cayendo cuidadosa por doquier. 



Nada que hayamos de percibir en este mundo iguala 
la fuerza de tu intensa fragilidad, cuya textura 
me somete con el color de sus campos, 
retornando a la muerte y la eternidad con cada respiro. 

Ignoro tu destreza para cerrar y abrir 
pero, cierto es que algo me dice 
que la voz de tus ojos es más profunda que todas las rosas... 

Nadie, ni siquiera la lluvia tiene manos tan pequeñas.


Angelus Silesius: La rosa es sin porqué, florece porque florece...

La rosa es sin porqué, florece porque florece,  no tiene preocupación por si misma,  no desea ser vista. 1624-1677

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Estoy loco por ti: no puedo unir dos ideas sin que tú te interpongas entre ellas. Ya no puedo pensar en nada diferente a ti. A pesar de mí, mi imaginación me lleva a pensar en ti. Te agarro, te beso, te acaricio, mil de las más amorosas caricias se apoderan de mí. En cuanto a mi corazón, ahí estarás muy presente. Tengo una deliciosa sensación de ti allí. Pero mi Dios, ¿qué será de mí ahora que me has privado de la razón? Esta es una manía que, esta mañana, me aterroriza. Me pongo de pie y me digo a mí mismo: “Me voy para allá”. Luego me siento de nuevo, movido por la responsabilidad. Ahí hay un conflicto miedoso. Esto no es vida. Nunca antes había sido así. Tú lo has devorado todo.
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Me miras, de cerca me miras,

" Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope,
 nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente,mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber
simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua".



Rayuela. Cáp. 7.(fragmento). Julio Cortazar.

Carta de amor de Juan Rulfo a Clara Aparicio.

Desde que te conozco, hay un eco en cada rama que repite tu nombre; en las ramas altas, lejanas; en las ramas que están junto a nosotros, se oye. Se oye como si despertáramos de un sueño en el alba. Se respira en las hojas, se mueve como se mueven las gotas del agua. Clara: corazón, rosa, amor…
Junto a tu nombre el dolor es una cosa extraña. Es una cosa que nos mira y se va, como se va la sangre de una herida; como se va la muerte de la vida. Y la vida se llena con tu nombre: Clara, claridad esclarecida. Yo pondría mi corazón entre tus manos sin que él se rebelara. No tendría ni así de miedo, porque sabría quién lo tomaba. Y un corazón que sabe y que presiente cuál es la mano amiga, manejada por otro corazón, no teme nada. ¿Y qué mejor amparo tendría él, que esas tus manos, Clara?
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